Desde
el momento en el que llegaron los aventureros vespeinados que viajaron hasta
Zell amd Sell, Austria, lugar dónde se celebró el pasado Vespa World Days, ya
abrieron un nuevo hilo en el foro con las fechas del siguiente evento y
comenzaron los preparativos. Nunca había sido celebrada y, posiblemente, nunca
se celebrará esta concentración de la mítica moto italiana tan cerca de Vigo.
Mucho más accesible que recorrer más de 2000 kilómetros hasta alguna ciudad
italiana, germana. vamos, centroeuropea, recorreríamos tan solo 400.
Miles de Vespas de toda Europa llegaron a Fátima A
4 meses de la fecha marcada por todos en el calendario, ya teníamos todo
organizado: inscripciones, alojamiento, días de salida y llegada. Solo faltaba
la cuenta atrás. Pero, a 10 días de partir, nos llega la noticia de los
posibles peajes para las autovías lusas, que antes eran gratuitas, y
utilizaríamos para desplazarnos a Fátima. Afortunadamente, esta medida no fue
aprobada, pero no tardarán mucho en hacerlo, ya que no sólo estaban colocados
los puentes de reconocimiento y pago de peajes, sino que, a su lado, ya tenían
erguidos los carteles con las tasas a abonar.
Los
vesperos de Vigo partiríamos en dos grupos, unos pocos el jueves y el resto de
la tropa el viernes, siempre a primera hora de la mañana. Para celebrar el
viaje que haríamos, el miércoles quedamos en el concesionario Movisa para
hacernos unas fotos y comentar el viajecito que nos esperaba. Como yo salía el
viernes, el jueves lo dediqué para hacer los últimos preparativos y puestas a
punto a la moto, como ya es costumbre en mí, a última hora. Y llegó la hora de
intentar dormir. Y digo intentar
porque me costó lo suyo poder cerrar los ojos de lo nervioso que estaba.
En las cestas viajaban patos y gallinas Y
sonó la canción de mi despertador a las 6:30, ésa que me da tanto ánimo para ir
a estudiar por las mañanas del curso, esta vez me transmitía una sensación de
buen rollito y de que todo en este fin de semana iba a ser. ¿cómo decirlo?
¡Cojonudo! Una hora después ya estaba encima de mi vespa rodando hacia Vigo. Agrupamiento
en Motomanía, una foto en Plaza España y a atravesar la Avenida de Madrid
dirección Tui. Las nubes sostenían delicadamente las gotas de lluvia que
portaban. Parecía que de un momento a otro se les iban a escapar y caer sobre
nosotros, afortunadamente solo soltaron unas pocas al llegar a Oporto.
Al
llegar a Valença salimos de la autopista y tomamos un tramo de enlace entre
ésta y la autovía A28 portuguesa. Aquí, en algún momento del trayecto se me
cayó la enorme bandera de España que llevaba en la moto. Seguro que algún
portugués la habrá cogido para hacerle voodoo a la Selección Española de fútbol
por eso de haberles mandado a casa a ver los partidos por la tele. 89
kilómetros hasta Viana do Castelo sin incidencias y paradita para repostar.
Alguno se sorprendió por lo difícil que es utilizar un inflador de ruedas luso,
¡esto es complicarse la vida! Exclamó alguno. Media hora de descanso y vuelta a
la carretera, que las nubes no pintan muy bien. Esta estaba full equipRetomamos la autovía y
continuamos hasta Oporto y, de repente, sin darnos cuenta, nos encontramos en
medio de una tremenda retención de kilómetros. Sin parar a hablarlo, nos
metimos por el arcén, nos colábamos entre los coches y cambiábamos de carril
como si estuviéramos escapando de la explosión de una bomba. Uno detrás de
otro, como ratillas por las estrechas cloacas de la ciudad. El atasco fue
provocado por una hormigonera que, a saber cómo acabo allí de esa forma, quedo
cruzada en mitad de la calzada. Ya liberados, seguimos hasta Aveiro por la A29.
A la salida de esta autovía un despiste hizo que el señor Juan cayera al suelo.
Afortunadamente no pasó nada, solo unos rasguños en la vespa, pero podría haber
sido muy grave. Paramos en una gasolinera a las 12:30 hora española para comer
y repostar. Hasta aquí 214 kilómetros recorridos. Nos tomamos una hora y media
para volver a salir a la autopista. Ya estábamos rodando cuando la 150 de Pablo
dijo: hasta aquí hemos llegado, y por un problema de motor tuvo que ser subida
a la furgoneta de apoyo que siempre llevábamos detrás. En este momento, el
grupo se dividió y llegamos separados hasta Fátima. Por un lado iba la
furgoneta, Carlos y Juanito (que se perdieron y fueron por otras carreteras) y
los demás, que llegamos por la ruta concretada.
Paradita para la foto Y
dejamos la autovía a un lado para seguir por secundarias. Las sensaciones que
te aporta un viaje, sobre todo en moto, varían muchísimo según las carreteras
que cojas. Por una autopista llegas antes, eso sí, pero no lo disfrutas tanto
como por una comarcal, dónde la gente que va por la calle te saluda y sientes
las diferentes respuestas de la moto en cada curva. Pasamos Figueira da Foz
para repostar en Leiría y otro pequeño incidente ocurrió, esta vez a los nuevos
del grupo, Nando y Lucía. Su TX les hizo un extraño en una arrancada y cayeron
al suelo. Sólo se les rompió la pantalla del foco, pero al menos tenían luz y
podían proseguir el camino. A 50 km de Fátima ya nos encontrábamos vespistas
que seguían nuestra misma ruta. Un rápido repostaje a 35 kilómetros de nuestro
destino y a las 16:30 llegamos. Ese pequeño pueblito fue invadido por una
jauría de avispas. A cada rato pasaban grupos de dos, tres, veinte vespas rodando
por las calles. Nosotros fuimos, lo primero de todo, al hotel. Es un alivio quitarte
la chupa, los guantes, el calzado y la faja y tirarte en la cama o darte una
ducha, ya que cuando llegamos ya pegaba muy fuerte el sol y el calor hacía
mella.
Cena multitudinaria de participantes con los Vespeinados en primer plano Ya
recuperados de los 360 kilómetros de travesía quedamos todos los vespeinados
para acercarnos al recinto del Vespa World Days, situado a las afueras de
Fátima, a unos pocos minutos en moto del hotel. En el trayecto, una preciosa
vespa tallada en piedra en medio de una rotonda nos cercioraba de que no nos
habíamos equivocado de lugar y la concentración mundial era allí. Decenas de
carteles del evento de dos metros de alto colgados de las farolas nos
acompañaban en el trayecto. He de decir que al final de la concentración no
quedó ni uno con vida y de confesar que uno de ellos está colgado en mi
habitación (risa malévola). Al llegar, un inmenso cartel nos daba la bienvenida
al recinto y cientos de vespas de todos los colores y modelos pastaban en su
interior. Había decoraciones clásicas, miticas, normales y corrientes, pero
había, también, diseños que impactaban por su originalidad y extravagancia. Una
P200 chopper, una Gt forrada de pantalones vaqueros, otra recubierta de piel de
vaca con una cesta en la que llevaba una gallina y tres patos, con su cencerro
y atada con una cuerda a una valla como si de una pieza bovina se tratara.
Conductores de sidecars haciendo maniobras a dos ruedas, vespas con altavoces y
neones propias de un salón del tunning, otra con una enorme cornamenta de
ciervo en su portabultos delantero. ¡aquello era todo un show digno de ver!
Había hasta una 125N recortada manteniendo la parte trasera del chasis, el
motor y las cachas pero con un frontal artesanal de los antiguos BRM y hondas
de la fórmula 1 con esa gran toma de aire oval delantera y, cómo no, la mítica
vespa fabricada íntegramente en madera.
Pero ¿La MP3 ya estaba inventada? Tras
la euforia de los primeros momentos, fuimos a ver las 5 horas de resistencia
organizadas por el Vespa World Days en la que participaron más de 20 motos.
Había desde LML y modelos de serie hasta prototipos totalmente personalizados y
preparados con los más sofisticados kits de competición. Después de una hora
viéndola, decidimos que era el momento de ir a cenar. Nos recomendaron un
restaurante y allí fuimos. Una comida de primera y una compañía inmejorable. Con
el estómago lleno volvimos al kartódromo a ver el final de la carrera. El calor
de la tarde dio paso al fresco y el rocío de la noche. Una neblina se adentró
en Fátima y le dio un toque sofisticado al final de la competición en la que
los participantes no aflojaron el ritmo y pese a que el asfalto se humedeció,
los neumáticos y los pilotos no vacilaban en el punto más álgido de las curvas.
Tras el evento volvimos al recinto principal a seguir con la fiesta de las
vespas, con conciertos, tiendas y buen rollito. Todos los jóvenes del pueblo se
habían acercado para divertirse entre nuestras motos ya que, Fátima, no era un
pueblito muy. nocturno. Ya entrada la madrugada nos fuimos al hotel para
descansar.
En el fondo es un tipo simpático El
día "gordo" fue el sábado. Nos levantamos a una hora prudente para desayunar
con tranquilidad e ir hasta el recinto donde una jauría de cientos de motos nos
estaban esperando con los motores rugiendo y los vespistas impacientes por comenzar
la ruta de 105 kilómetros. El grupo de Vespeinados salió de Fátima unido, pero,
inevitablemente, por el camino nos desmembramos. La ruta comenzó con densa
niebla. No hacía mucho frío pero sí pudo estar mejor. Nos adentramos por los
pueblos y todos sus habitantes salían a la calle para saludarnos. Fue una de
las cosas que más agradecí del viaje: el entusiasmo del pueblo portugués y la
alegría con la que nos recibían en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa
que pasábamos. Pronto, tras 45 kilómetros de acogedoras aldeas y campos
llegamos a Batalha. El inmenso monasterio se podía ver desde cualquier punto
del pueblo. Estar al lado de él impresionaba casi tanto como las chicas Red
Bull que nos acompañaban. La organización repartió un pequeño almuerzo a todos
los participantes y nos dio tiempo para ir viendo algunas de las Los repostajes frecuentes en las Vespasmáquinas que
había aparcadas. Después de algo más de una hora de parada volvimos a las motos
para seguir la ruta hasta Nazaré. Las nubes se mantenían en el cielo y las
vespas seguían en su medio natural, la carretera. La travesía hasta este pueblo
costeño fue de 35 kilómetros y llegamos a un recinto donde había un extenso
párking de gravilla y tierra junto a unas pequeñas laderas de verde hierba
donde, después de una larga espera para recoger la segunda parte del almuerzo,
nos tumbaríamos para descansar. Después de comer, decidimos un grupo de
vespeinados, con dos horas de tiempo libre, ir a dar una vuelta por el pueblo. Primero
fuimos al mirador. Nunca había estado allí ni en un sitio como ese, y he de
decir que me impresionó muchísimo la completamente vertical pared de piedra que
formaba el acantilado y la altura hasta la que esta se erguía. Fuimos al farol
y después a tomar algo a uno de los muchos bares de la playa de Nazaré. Allí,
pasamos el rato entre bromas y charlando. Despuñes de aproximar el cable del
freno trasero de mi vespa, que se me había destensado, fuimos al punto de
reunión en una explanada, en el rompeolas de la playa. Algunos aprovecharon ese
momento de agrupamiento para ir a hacer fotos a su moto con el acantilado de
fondo y otros se fueron el busca del escape perdido, un tubarro que vieron en
una moto y les llamo la atención al Bembrive Racing Team.
Todo tipo de engendros en Fátima Ya
de nuevo, con los motores en marcha y las nubes desapareciendo para dejar paso
a un radiante sol y calor que nos acompañarían toda la tarde, proseguimos la
ruta hacia Alcobaça. El tramo se hizo muy corto y en un ratito llegamos a ese
pueblo. Posiblemente allí, en ese momento, habría más vespas que habitantes en
sus calles. Lo primero que hicieron algunos al llegar, fue de adueñarse de los
carteles del evento que estaban, no sé decirlo de otra manera, más "a huevo"
imposible, en las bajas farolas a la entrada de la plaza del monasterio. Lo
segundo que hicieron, e hicimos todos, fue llenar los bares para darnos un
respiro del calor con un refresco o una cervecita. Hubo espectáculos de baile y
una banda entonando ritmos típicos. Nos dio tiempo para dar otra vuelta para
seguir viendo las motos de la concentración que no habíamos podido observar tan
de cerca y vuelta a la carretera.
La
ruta entre Alcobaça y Fátima fue la que más me gustó. 50 kilómetros de un
agradable sol, de verdes y acogedores prados que se mezclaban con unas ligeras
y suaves montañas manchadas con oscuras rocas y retocadas en su cumbre por
enormes aerogeneradores. Estos pequeños detalles que, a lo mejor no todo el
mundo ve, son los que hacen que un viaje valga la pena. Yo y los que rodaban
conmigo, Xurxo y Damián con su novia Lucía, paramos a hacer gasolina a la
entrada de Fátima. Esa noche era la cena de gala así que fuimos al hotel a
acicalarnos.
No es un robado, es un posado Vespeinado Ya
entrada la noche, y con España jugándose los cuartos de final frente a
Paraguay, nos sentamos a una gran mesa junto a unos Alemanes y otros españoles.
Para el momento nos hicimos unos polos conmemorativos para ir todos
conjuntados. En esa cena, todos los vesperos de cada ciudad, de cada país.
fuimos del mismo club. Ya rodamos todos juntos durante el día y allí, gracias a
algunos asistentes con contactos, celebramos el gol de nuestra selección y el
pase a semifinales. Entre cantos y cantos, la enorme carpa blanca donde
estábamos los cientos de asistentes cenando se convirtió en una jauría de
locos. Y nosotros nos dedicamos a lo que veníamos, a pasarlo genial. La comida
se iba acabando pero el espectáculo de las acrobacias en vespa daba comienzo. En
una, dos y tres 125 N de faro bajo hacían maniobras imposibles. Después de
esto, la mayoría marchamos para el hotel ya que el domingo teníamos que volver
a casa.
Las Vespas pintadas de colores de guerra El
domingo llegó con pena. Hicimos la maleta y marchamos a despedirnos al recinto
del Vespa World Days para en unos minutos estar de vuelta en Fátima para
partir. Marcos, el único miembro del vespa club de Vigo que vino con nosotros,
salió a las 9 de la mañana, ya que tenía prisa, mientras que nosotros hasta las
12:30 no lo hicimos. El viaje comenzó por la carretera que habíamos cogido el
día anterior de los aerogeneradores. EL sol nos acompañó en toda la jornada.
Esta vez no íbamos a tomar la misma carretera por la que fuimos, sino desde un
principio la autopista de peaje hasta Aveiro, donde enlazar (ahora si) con las
autovías A29 y, luego, A28. El ritmo de los primeros 133 kilómetros hasta Vagos
fue alto, entre 90 y 95 kilómetros por hora, que eso para las vespas es
bastante. Los más grandes teníamos que agacharnos para ser más aerodinámicos y
aguantar el ritmo, no tanto como Santi y su 90 Súper con motor de 125, que hizo
un esfuerzo enorme al llevar la moto menos potente. El grupo entonces se
dividió en dos, no muy distantes entre sí. Como me esperaba, a un Overbooking en la Vespakilómetro de
la gasolinera, mi moto se quedó sin combustible. La meneé mientras perdía
velocidad para que las pocas gotas de gasolina que quedaban pasasen del
carburador al cilindro y haciendo esto, la vespa se me encendía y apagaba, con
lo que conseguí quedarme a 300 metro de la salida. Iba a empujarla hasta allí,
pero muy amablemente, Alfredo me dejó un chorro de gasolina para ahorrarme el
esfuerzo. Allí mismo comimos y descansamos a la sombra hasta volver a la
carretera. Ahora debíamos recorrer 150 kilómetros hasta Viana. La espalda ya se
resentía, pero el trayecto lo realizamos sin ningún percance.
Desafortunadamente, en el área de servicio la mujer de Carlos se dio cuenta de
que se dejó el bolso en Vagos y tuvieron que dar la vuelta. Cuando decidimos proseguir,
la moto de Pedro no encendía, y gracias al trabajo en equipo, logramos
desenterrar de la mugre de su motor la bujía ancestral que le daba problemas.
El viaje hasta España prosiguió sin incidencias y. por fin entramos en nuestro
país. Nos recibieron una nube de insectos voladores que se estrellaban contra
nuestros cascos como bolas de aire comprimido, pero solo nos quedaban unos
kilómetros para llegar. En Gondomar, Pedro, Miguel y su mujer y yo cogimos
rumbo Nigrán y el resto del grupo siguió hacia Vigo.
Al
llegar a casa haces cuentas y te fijas de a dónde acabas de ir, porque allí, en
la concentración, solo piensas en disfrutar. Casi 2500 vespas inscritas a las
que hay que sumarles algunos más que vinieron sin inscripción. Más de 900
kilómetros de ruta para asistir a la mayor concentración anual de estas motos.
Un 10 a la organización, que se portó muy bien en la ruta del sábado y con unas
ganas que no me caben en el pecho de viajar al siguiente ¡Vespa World Days! |