Hace muchos meses que quiero escribir esto pero la prudencia
me iba aconsejando esperar, a ver si cambiaba el viento, si solo era algo
pasajero y coyuntural.
Pero la motocicleta pasa por malos momentos en este país y
uno, que conoce a muchos que han empeñado su vida entera en levantar un
negocio, que han puesto todo el trabajo, la ilusión y muchas veces también su
patrimonio en una empresa del sector de la moto no puede pasar por alto esta
situación.
Es cierto que la coyuntura económica no es buena. Es verdad
que el ciudadano de a pie no está para florituras. Que cuesta llegar a final de
mes y que las colas del Inem son más largas que nunca.
Es cierto también que el Gobierno se ha apresurado a
socorrer al sector del automóvil cuando este pidió auxilio, pero en cambio
olvidó al de la moto, poca cosa para preocuparse por él.
Pero este no es el único, ni siquiera el peor problema. O al
menos el problema que preocupa más a los negocios, en su mayoría pequeñas
empresas familiares o autónomos que trabajan en sus talleres, en sus tiendas, o
en los concesionarios.
Y ese problema es que están en manos de piratas. Y no
precisamente de los somalíes que asaltan atuneros en el Índico...
El sector y hablo de fabricantes e importadores, ha caido en
las redes de mediocres, de indocumentados, de prepotentes, de más de un golfo y
también de algún tahur mentiroso. Solo hay que ver lo que está pasando en una
ciudad como Vigo, y lo que aquí hacen en los últimos años muchas marcas, otrora
acreditadas cuando detrás de ellas estaban personas que amaban y entendían las
motos, personas con las que no hacían falta documentos porque bastaba con un
apretón de manos.
Ahora el perfil es otro. Llegan tipos con parche en el ojo y
pata de palo que quitan y ponen los logotipos de la marca en los escaparates
con la misma frivolidad con la que se cambian los calzoncillos. Dejar a una
empresa sin su medio de vida no es mayor problema que el de mandarle una carta
comunicándoselo.
Llegan con sus exigencias, de ventas, de instalaciones, de
metros cuadrados, de avales, como si esto fuese el país de jauja. Como si la
gente no se estuviera jugando el pan de su familia y el de sus trabajadores. Lo
peor es que no tienen ni puñetera idea. Pero juegan con el miedo, con el temor
de las redes comerciales a perder "la marca". "Si tú no cumples con las cuotas,
te saco los rótulos y las motos y se las llevo al de enfrente" -dicen frescos y
desenvueltos. "O me montas un concesionario del copón, con vistas a la ría o te
quedas sin motos" -es otra de sus propuestas. (Un concesionario del copón para
vender cuatro motos al año, claro).
Algunos lo hacen después de que los lleves a comer la
pertinente mariscada, regada de Alvariño y si acaso con un wiskito al postre. Otros
prolongan la fiesta por la noche también..
Y así va el baile de logotipos de aquí para allá. Me decía
un cliente de BMW que desde que compró la moto ya ha ido a cuatro servicios.
incluido un año entero yéndose hasta A Coruña, a 170 kilómetros de su casa. Los
de Kawasaki igual. Casi van a uno por año. ¿Quién será el siguiente agraciado?
Hace un par de años entrevisté a un delegado de una marca
que me decía que estaban encantados con el nuevo concesionario exclusivo que
acababan de nombrar y semanas después entró un italiano de director general y
nombró a otro quitándole la exclusividad al bueno de hacía treinta días. País
de locos.
Un veterano del sector me decía que un día le mandaron a un
pipiolo a apretarle las tuercas. Un chaval con traje de Cortefiel pero con
menos luces que una patera marroquí cruzando el estrecho por la noche, recién
aleccionado por el director comercial de turno. Cuando el chaval acabó de
ejercer su papel de extorsionador le tuvo que preguntar a su víctima que si le
explicaba por donde tenía que ir hacia Extremadura, donde le esperaba su
próxima víctima. ¡Indocumentados!
Otros han tenido que aguantar que de repente el "iluminati"
de turno decidiera que ya no era interesante vender ciclomotores y se los
puliera todos de un plumazo.para darse cuenta poco después del error, cuado vio
que los clientes se escapaban a la marca rival. Y es que algunos levitan tanto
que llegan a la "viga". Prepotentes y torpes. ¡Y ahora hasta tenemos que
escuchar a Anesdor quejándose de que el Gobierno se ha cargado el ciclomotor,
cuando ellos tienen al zorro dentro del gallinero!
No son solo los departamentos comerciales. De comunicación,
publicidad y prensa (salvo excepciones que se pueden contar con la mano de un
tipo que trabaja en un aserradero) podríamos hablar un rato también.
Mientras el sector de la moto esté controlado por estos
tipos, en España no levantará cabeza.
Los que solo ven números, los que van y vienen del sector de
la moto al de los electrodomésticos (su estupidez hace que duren menos que un
cacahuete en una jaula de monos), los que no sienten la moto y solo se
preocupan de despachar las unidades que les toca cada año pasando por encima de
todos, los que no tienen ni idea de planificar, de adecuar la oferta al
mercado, de experimentar nuevas formas de ventas, de buscar nuevos clientes,
los que aún se creen que la única forma de vender motos es gastándose toda la
pasta en Motociclismo y Solo Moto, esos son lo que están hundiendo este sector.
Y como digo, hay excepciones. Vean sino como una marca de
Taiwan, por la que nadie daba un duro hace cinco años se ha comido a Piaggio,
Derbi, Aprilia, y a muchas más con una política menos frívola y más respetuosa
con su red comercial y sus clientes. Vean como Suzuki se ha acercado a las
otras dos intocables marcas japonesas que no han dejado de perder cuota desde
hace diez años.. Hay excepciones.
Pero este mar está infestado de piratas y mientras no haya
profesionales en las marcas la moto en España no levantará cabeza.
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